domingo, 13 de abril de 2014

Informe no. 14

Sila, el restaurador


Hasta hace apenas unos días, desconocía la compleja labor de aquel personaje capaz de encontrar soluciones donde todos ven problemas, de descifrar códigos ilegibles y armar rompecabezas con piezas faltantes o deterioradas. Su tarea consiste en salvar la vida de algo que pudo haber muerto en el olvido, en el abandono o deteriorado en el tiempo por causas ajenas a este. La infinidad de casos van desde inmuebles históricos como el Antiguo Templo de San Agustín de nuestra Universidad en el Centro Histórico cuya restauración a demandado desde hace unos años el trabajo de cientos de personas, hasta pequeñas piezas como Ramona, una muñeca de madera la cual perdió su brazo derecho y parte de su cara se desvaneció con el paso de casi un siglo. 

Entendí que el mayor reto de todo restaurador consiste en rescatar lo que algún día la pieza fue, sin alterar su esencia original. Una mínima falla en la intervención puede llegar a tener costos altísimos en el valor. Es por ello, que la paciencia y la perseverancia son las mejores cualidades con las que Sila pudo haber nacido, quien trabajaba arduamente en su taller para devolverles la magia a todos los objetos que el tiempo parecía haber opacado. 

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