Informe no. 6
¡Fuera abajo!
No se puede conservar lo que no se quiere y
no se puede querer lo que
no se entiende"
- Gándara, 1999.
La pérdida de patrimonio arquitectónico se justifica en un discurso progresista, la obsesión y el afán por la modernidad hoy representa quizás la mayor amenaza a éste. A diario, decenas de edificaciones, con importante valor cultural, artístico y/o histórico son demolidas total o parcialmente, o en el mejor de los casos, transformadas en favor de intereses específicos, dando muerte a lo que en su momento dotó de sentido y significado a una sociedad.
La cuestión central recae en la apropiación, en ausencia de este sentimiento, es imposible la valoración y conservación del patrimonio. En ello, los académicos y especialistas desde arquitectos, pedagogos, sociólogos... juegan un papel fundamental con la comunidad, informándola sobre lo que ésta considera que vale la pena resguardar.

