viernes, 28 de febrero de 2014



Informe no. 6


¡Fuera abajo!



No se puede conservar lo que no se quiere y 
no se puede querer lo que 
no se entiende"
- Gándara, 1999.

Hace unas décadas, una hermosa casa estilo porfiriana pasaba por su mejor momento... fue testigo de recepciones, encuentros, confesiones, bailes. Hoy detrás de una cerca tapizada de anuncios se vislumbran cimientos y un espectacular que anunciaba ya la inauguración de un centro comercial.

  La pérdida de patrimonio arquitectónico se justifica en un discurso progresista, la obsesión y el afán por la modernidad hoy representa quizás la mayor amenaza a éste. A diario, decenas de edificaciones, con importante valor cultural, artístico y/o histórico son demolidas total o parcialmente, o en el mejor de los casos, transformadas en favor de intereses específicos, dando muerte a lo que en su momento dotó de sentido y significado a una sociedad. 

  La cuestión central recae en la apropiación, en ausencia de este sentimiento, es imposible la valoración y conservación del patrimonio. En ello, los académicos y especialistas desde arquitectos, pedagogos, sociólogos...  juegan un papel fundamental con la comunidad, informándola sobre lo que ésta considera que vale la pena resguardar.

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