viernes, 16 de mayo de 2014

Informe  no. 21

El oficio de las letras 


El pasado viernes conocí a Don Javier, mejor conocido en sus rumbos como "el Diablo", un personaje con sed de palabra. Amablemente me invitó a tomar asiento en un banco, a lado de un pequeño escritorio donde atiende todos los días a sus clientes. Inició platicándome que desde hace más de 50 años, vivía en aquel lugar que en sus mejores tiempos fue uno de los sitios de encuentro más bellos e importantes no sólo de la ciudad sino también de América Latina; me refiero al barrio de Santo Domingo, donde ha pasado su vida dedicado "al oficio de las letras". Sin premura, me platicó sobre la historia de aquella plaza, que en su momento fue punto de encuentro para la compra- venta de esclavos, telas, especies... y demás objetos que llegaban del otro lado del mundo y pasaban por la Aduana; fue también escenario de actos de tortura por el Palacio de la Santa Inquisición. Siglos más tarde llegaron los evangelistas quienes se dedicaron a escribir cartas de amor y fueron mejor conocidos como "escribanos", en su honor se llamó Portal de los Evangelistas  y fue hasta finales del siglo XIX y principios del XX que llegaron las primeras máquinas de pedal para escribir de Estados Unidos, que hoy es posible mirar funcionando en algún negocio de este plaza.

Con una sonrisa en el rostro, recordó cómo fue que llegó con su familia a vivir, y desde entonces cómo ha cambiado aquel rincón del corazón de la Ciudad de México. Me dijo que hacia los años 60 fueron los años de mayor bonanza para quienes ejercían el oficio, sin embargo hoy es más visitado por turistas interesados en conocer las imprentas que gente en busca de algún encargo. El Diablo asegura que hoy su trabajo es más un oficio de museo. 

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